jueves, octubre 06, 2011

El Niño de las estrellas

Hoy estaba pensando en el niño de las botas azules.

Eran las 7 y media de la mañana, invierno y cuando llegaba el bus, tan de noche aún, estaba él solo en la parada, un bulto bajito para su edad y muy flaco. Apenas unos pocos reían y hablaban, el resto seguía sonámbulo cuando él subía y se acomodaba al lado de Ramón, tan rojizo y relleno él que lo hacía desaparecer aún más, sentado como un fantasma.

Siempre sentía la necesidad de mirarlo, como si cada día fuera alguien distinto. Sin embargo apenas cambiaba el atuendo en donde resaltaban las botas azules.

Su cara no salía nunca de la transparencia habitual, es por eso que los morados resaltaban más. Algo que durante ese año no dejaba de intrigarme ¿Qué podía ser?

Un día llegaron a la escuela unas señoras que se reunieron en el patio lateral con la maestra y aguardaban incómodas. Él estaba nervioso esperando el timbre para entrar al aula. Algo que nunca había apreciado en su deambular callado y solitario, la inquietud, tanto que no me dejó perder detalle sobre ese grupo tan particular; llegó un hombre muy parecido al niño de las botas azules e increpó al grupo. No entendía muy bien las palabras ni esa furia.

Siempre pensé que podía ser otro niño venido de las estrellas y un día le mostré la boa como una señal de que sabía quién era y el sombrero. No hubo reacción.


No sé qué espíritu maléfico me empujó a esconderme entre los arbustos, desde allí vi cómo entraban a la dirección y otra de las maestras llevaba al niño de las estrellas de la mano. Entró, una de las mujeres extrañas lo atrajo con delicadeza y le subió la ropa, más piel translúcida que parecía mármol oscuro… Nunca había visto algo semejante. ¿Estarían pidiendo explicaciones al hombre para que soltara de qué planeta había llegado?

El niño de las estrellas del libro siempre estaba vestido ¿Serían así? ¿Tendrían esas manchas moradas…?

Al mediodía, mi madre me recogió como siempre, le conté que el niño de las botas azules era de las estrellas. Le expliqué. Mi madre paró el coche, me miró profundamente, me abrazó y mientras la sentía me decía emocionada: sí tesoro, puede que sea de las estrellas…

6 comentarios:

María Narro dijo...

a veces la calidez y transparencia que desprende ver las cosas a través de los ojos de un niño equilibra la balanza, aunque hables de malos tratos.
Por eso elegí los ojos de una niña para mezclarlo con la crueldad de una guerra... o la niña me eligió a mí, mo lo sé.

un beso EnormE

(hoy soy una hormiguita renqueando, la mujer de mi hermano tiene cáncer de pecho; me lo dijeron ayer por la tarde y casi mandé todo al carajo... haber si escribo un post y me aclaro)

Moony-A media luz dijo...

Ante la realidad más dura y cruel, a veces, los niños son capaces de ver estrellas. Por eso son mágicos.
Como mágica es tu forma de escribir algo así.

Absolutamente precioso.

Besito...

Blanka dijo...

Los niños son así, ven cosas diferentes, saben que algo pasa pero escapa a su conocimiento.¿dónde dejaremos esa expontaneidad? Y sobre todo ver cosas bonitas en todo por muy triste que sean. Y ese niño de las estrellas como poco.
Menuda manera has encontrado de contar este tema del maltrato infantil, como dice Moony, mágica.

¡¡Miles de besazos guapetón!!

(Por cierto de mi convalecencia no te había contado pero si de lo que la produjo, te mandé un mail hace tiempo, ahora te mando otro y te cuento, ¡Despistado!)

Antònia dijo...

Quizás fue a partir de ahí cuando viajó a las estrellas. Antes sobrevivió para llegar a ese momento mágico en el que elevaría los ojos hacia el cielo y vería el camino.
Besos!!

Roy Jiménez Oreamuno dijo...

Ojala todos pudiéramos ver todo con los ojos de los niños, todo sería muy diferente en este mundo.

Saludos

Miguel Schweiz dijo...

Vaya Marita, no sé qué pasa con tantas enfermedades pero eso tendrá que acabar... A ver si cae de una vez la avaricia y nos dedicamos a buscar lo que debemos.
Un beso EnormE

La magia de la infancia Moony que no deberíamos perder, es una lástima no ser adultos con esa transparencia.
Besito...

Es mismo Blankita, parece que ya comienza una tendencia a a despojarse de la máquina, sólo falra que seamos menos adictivos y para eso hay que empezar con la infancia, dejar de moldearla de una vez al antojo de las generaciones adultas.
(Lo otro, todo va bien...)
Miles de besazos guapísima!!!

Quizás sea así Antonia, esos niños y todos deben ser respetados y amados... Todos venimos de las estrellas pero nos resistimos a elevarnos hacia ellas.
Besos!!

Puede que tampoco sepamos o no nos hayan dejado crecer Roy, cada generación ha tenido que arrastrar la anterior y todas ellas con sistemas férreos y esclavizantes. Ser niño no ha sido fácil, ser adulto tampoco, entonces deberíamos pensar en "ser" de una vez por todas.
Saludos